Un asado de carne, ya sea de pollo, pavo o cerdo, rinde para mucho más que una sola comida caliente. Una vez frío, cortado en lonchas finas, se convierte en un fiambre casero perfecto para bocadillos y platos fríos durante varios días.
De la comida caliente al fiambre frío
Dejar enfriar completamente el asado antes de cortarlo facilita mucho conseguir lonchas finas y uniformes, algo que resulta casi imposible de lograr mientras la carne todavía está caliente y se deshace con facilidad al cortarla.
Un cuchillo bien afilado marca una gran diferencia a la hora de conseguir lonchas parecidas a las del fiambre comprado, permitiendo cortes limpios y regulares que se conservan mejor en la nevera durante los días siguientes.
Guardar las lonchas en un recipiente hermético, separadas con un poco de papel entre ellas, evita que se peguen unas a otras y facilita coger solo la cantidad necesaria cada vez que se prepara un bocadillo o un plato frío.
Condimentar el asado con hierbas o especias antes de cocinarlo permite conseguir sabores distintos cada vez, acercándose a los distintos tipos de fiambre que normalmente se encuentran ya preparados en las tiendas.
Con esta costumbre, un único asado preparado un día concreto acaba sirviendo para varios almuerzos y meriendas durante la semana, sin necesidad de comprar fiambre envasado cada vez que se acaba en la nevera.
Aprovechar también el caldo o los jugos que suelta el asado durante la cocción, guardándolos aparte, da para preparar una sopa o una salsa en otro momento de la semana, sacando todavía más partido a la misma pieza de carne.
Congelar en porciones pequeñas la parte del asado que no se vaya a consumir en los próximos días permite conservar el fiambre casero durante más tiempo, sacando cada porción según se vaya necesitando a lo largo de las semanas siguientes.