Encender el aire acondicionado con una ventana entreabierta o una puerta que da al pasillo hace que el aparato trabaje sin parar, intentando enfriar un espacio que en realidad no está del todo cerrado. El resultado es una habitación que tarda mucho más en refrescarse de lo esperado.
Cerrar antes de encender
Antes de poner en marcha el aparato, conviene dar una vuelta rápida por la habitación para comprobar que ventanas y puertas están bien cerradas, incluidas las que dan a pasillos o a otras estancias que no se están enfriando en ese momento.
Las persianas bajadas durante las horas de más calor ayudan al aire acondicionado a mantener la temperatura, ya que evitan que el sol vuelva a calentar la habitación mientras el aparato intenta enfriarla desde dentro. Esta combinación reduce mucho el esfuerzo del equipo.
Cerrar la puerta de la habitación mientras el aire acondicionado está encendido, en lugar de dejarla abierta hacia el resto de la casa, concentra el aire fresco donde realmente se necesita, sin desperdiciarlo enfriando zonas de paso o habitaciones vacías.
Apagar el aparato un rato antes de salir de casa, en lugar de dejarlo funcionando sin nadie presente, evita un gasto que no beneficia a nadie. La habitación suele mantener una temperatura agradable durante un buen rato después de apagarlo, si todo permanece cerrado.
Con estas pequeñas costumbres, el aire acondicionado cumple su función de forma mucho más eficaz, sin necesidad de tenerlo encendido más tiempo del necesario ni a una potencia mayor de la que realmente hace falta para sentirse cómodo.
Revisar de vez en cuando las gomas de las ventanas y puertas también ayuda, ya que un pequeño hueco puede dejar escapar el aire fresco durante horas sin que nadie llegue a notarlo hasta que la habitación tarda más de lo normal en enfriarse.